Muelas del Pan

      Alfareros y tejeros en Muelas del Pan:

 

I - INTRODUCCIÓN

            Muelas del Pan es un pueblo de la provincia de Zamora, (España). Tiene en la actualidad, estamos en 2006, unos 900 habitantes escasos. El ayuntamiento está compuesto por el dicho pueblo que es la capital y por otros, algunos muy conocidos por circunstancias que se irán explicando en el desarrollo de esta introducción y posteriores capítulos, como es el caso de  Ricobayo de Alba, Villaflor de Alba y Cerezal de Aliste. Entre todos, como decimos, constituyen el ayuntamiento de Muelas del Pan. Queremos reseñar que en los años 1960 estos mismos pueblecitos que hoy constituyen dicho ayuntamiento  tenían una población cercana a los 2800 habitantes. 1400 de ellos pertenecían al propio Muelas del Pan. 400, aproximadamente, a Ricobayo de Alba y cerca de otros 900 al extinto ayuntamiento de Cerezal de Aliste. Los que faltan hasta la cifra de 2800 que poseía el municipio eran gentes afincadas allí, pero que no estaban empadronadas.

            Sin entrar en discusiones de ningún tipo vemos que el ayuntamiento ha perdido una población neta de 1900 personas. Hoy la gente existente en el municipio es, en su mayoría, personas envejecidas que pasa, generalmente de la sesentena. Pero la población perdida no es esa. Si tenemos en cuenta que el crecimiento vegetativo y, en general, poblacional de España es del 1.5 desde esas fechas, convendremos que la población del municipio habría de ser, en estos momentos, de unas 4200 personas. Sin embargo, decimos más arriba, que se sitúa en unas 900. Dicho de otra manera. Solamente habita en torno a una quinta parte de la población que debía de ser.

            Todo ello se inscribe en una comprensión razonable del desarrollo de la España moderna. Tengamos en cuenta que algo anterior a esa fecha se produjo el llamado “Plan de Estabilización Nacional”, (1958), que no fue otra cosa que el abandono de autarquía por razones de supervivencia. Ese plan implicó la aceptación por parte de España de nuevas bases de comercio y colaboración industrial con los países capitalistas. En consecuencia, con el abandono de autarquía la liberalización de las importaciones implicó la ruina total de la agricultura mesetaria, a la que pertenece Muelas del Pan. Ahí empezó el decaimiento del pueblo y de todos los pueblos vecinos y meseteños en general.

            Pero en Muelas del Pan el golpe fue mucho más duro, ya que las ocupaciones tradicionales del pueblo se habían abandonado como consecuencia de ganar un salario fácil a la sombra de la construcción de la presa del Esla.

            Hacía muchos años que España y Portugal andaban en negociaciones para el aprovechamiento energético del declive de conjunto que forman Duero y Esla. Allá por el primer cuarto de siglo pasado, por fin, se pusieron de acuerdo ambos estados y se dividieron la parte internacional de Duero. A Portugal le correspondió lo que va desde Castro Ladrón hasta la desembocadura del Tormes en el Duero. A España le correspondió el tramo de la provincia de Salamanca. Pero era necesario garantizar el funcionamiento del sistema para el aprovechamiento integral. Desde ese momento se concibió la construcción de los Saltos del Duero como base fundamental para dicho aprovechamiento. Habría un subsistema posterior como el embridamiento del Tormes y las cabeceras del río Esla que hoy ya las conocemos todos.

            Cuando comenzó la construcción de la presa del Esla había en Muelas del Pan entre 150 y 200 alfareros que distribuían su trabajo de varias maneras. Unos construían cacharros; otros los cocían y otros se dedicaban a recorrer lugares para venderlos. Todo esto, junto con una agricultura y ganadería primarias constituían los recursos del pueblo. Al comenzar los “Saltos” fueron cantidad de ellos los  que abandonaron ese tipo de ocupaciones y se fueron a trabajar a “La Obra”. Como ésta durara varias décadas no hubo relevo en el conocimiento de la alfarería. Solamente quedaron unos pocos entre los que podemos destacar al Tío Benito el Rey y a la Sra. Manuela, esta última, en verdad, fue la última alfarera de Muelas del Pan de lo que puedo dar fe por haber sido yo mismo, y no otra persona la que le ayudó a cocer las últimas tapaderas y pucheros.


II - EL ORIGEN DE LAS LAGUNAS DE MUELAS

            El Muelas del Pan hay tres orígenes diversos de la existencia de las lagunas. Las de carácter general, como pueden ser la Laguna de Barreras del Agua, (de origen mixto), la laguna de Santiz, la Laguna Nueva y algunas otras se debe a la necesidad de almacenar agua para la satisfacción del ganado.

            Otro origen diferente lo constituyen las “Lagunas de las Barreras”, entre las que se encuentra la Laguna Obscura y hasta otras cinco o seis más que mantienen un poso de agua en su cuenco, pero que si se llenaran en su conjunto constituirían un verdadero lago. Estas lagunas, que son la consecuencia de haberlas vaciado de millones de toneladas de arcilla por los alfareros de Muelas que durante siglos las utilizaron para lanzar al mercado de media España millones y millones de cacharros son la expresión de una actividad de siglos y que se acabó con la construcción de la Presa del Esla por las causas antedichas.

            Pero existe otro tipo de lagunas que se llaman “Lagunas del Barro Blanco” y que están situadas entre las Lagunas de las Barreras y la Laguna Nueva. El origen de estas lagunas se debe a la actividad de los tejares que, también, desde siglos, han existido en Muelas. El barro blanco, (caolín), era extraído por los tejeros para aminorar la fortaleza del “barro colorao”, ya que esta arcilla, extremadamente fuerte, no podía ser utilizada sola para la elaboración de tejas, ladrillos de obra, ladrillos de horno o baldosas. Era necesario rebajar esa fortaleza y de ahí la necesidad de mezclarla con barro blanco. He ahí el origen de las Lagunas del Barro Blanco.

            Este trabajo no pretende hablar de la alfarería, sino de los tejares, por lo que el tema alfarero lo dejamos en manos de personas más entendidas.

            Aunque los tejares de Muelas sean una actividad de siglos, yo sólo tengo referencia de cinco y que los enumero en este pequeño poema:

                                   Cinco tejares en Muelas
                                   bien el barro han amasado:
                                   Manuel, Fabri, Pepe, El Niño
                                   y el de La Torre olvidado.

                                   ¡Que bonitos los tejares
                                   cuándo se llega el verano!
                                   ¡Los pueblos de la redonda
                                   hacen cola con sus carros!

                                   Ladrillos de panderete
                                   en los cuartos del sobrado,
                                   en la tenadas un horno
                                   con ladrillos bien curvados.

                                   ¡Que maravilla las tejas
                                   teñidas de colorado,
                                   salen de blancas lagunas
                                   pisadas por un caballo!

            Bien, he creído que clarificar el origen de las lagunas de Muelas era importante, pues al haber habido una generación en el vacío de la actividad hay personas que están en la creencia de que todas las lagunas se deben a la actividad de los alfareros. Para que tal equívoco no exista era necesario aclararlo.


III - COMO FUNCIONA UN TEJAR

                        En primer lugar hay que decir que los tejares de Muelas del Pan no funcionaban todo el año. La fabricación del material y su posterior elaboración, (secado, encañamiento, cocienda, etc.), tenía lugar entre los meses de mayo y septiembre. Se aprovechaba la sequedad y el calor del verano y el buen tiempo para tal menester.

Donde comienza:

            Pues lo primero que hay que preparar es la materia prima que consiste, en Muelas del Pan repetimos, en una mezcla de arcilla, generalmente roja, y caolín en la proporción adecuada. Esta proporción se nota en que si una teja o un ladrillo no se raja durante el secado con sol intenso es que es buena. Si se raja tiene demasiada parte de arcilla, pero, la masa seca tiene que ser compacta y no arenosa. Si así fuera tiene demasiada mezcla de caolín. En todo caso la mezcla natural se nota por el color. Una mezcla correcta es aquella que da un tono marrón del barro, una viscosidad coherente y un manejo relativamente fácil. Es decir, que el barro se pueda extender sin dificultad y haya cohesión en él.

            Naturalmente, cuando la época de hacer ladrillos o tejas no es la adecuada, (entiéndase durante el invierno), los tejeros hacen acopio de caolín que lo van a buscar a las Lagunas del Barro Blanco, (las lagunas que quedan por arriba de la Fuente Nueva). Simultáneamente donde existen los barreros de arcilla se desmontará la capa vegetal que está entre los cuarenta centímetros y el medio metro en la zona existente entre los palomares y la vaguada de Piedrafincada. En otros lugares puede ser diferente.

            Bien, tenemos barro colorao y tenemos barro blanco. También tenemos unas “pilas”, generalmente de forma circular en las cuales echaremos el barro colorao. A continuación irrigaremos estas pilas hasta donde nuestro conocimiento del tema nos indica. Dejaremos que la arcilla absorba el agua. (Unas doce horas, la pilada se prepara al atardecer y se aprovecha la noche para que la arcilla se humedezca), y para que no se produzcan grumos de ningún tipo. Cuando esto sea así le añadiremos la capa adecuada de barro blanco hasta que se humedezca todo el conjunto. Aún esperaremos y cuando veamos que el conjunto está lodoso introduciremos un caballo y le iremos haciendo dar vueltas alrededor de la pila. Naturalmente los bordes de la misma hay que limpiarlos con una pala y echarlos hacia el interior de la pila para que se amase con el conjunto. Después de un par de horas en que se pueda apreciar que la masa está bastante echa. Se saca el caballo y con toda la mezcla se hace un montón. Este se tapará con sacos para que el exterior del mismo no se seque. De vez en cuando se irá remojando para mantener la masa en buen estado. A los caballos que han participado en el “pisar la pila” se les llevará a la Laguna Nueva para lavarles las patas.

 

IV - ARCILLA EN MUELAS DEL PAN

No solamente existe arcilla entre los palomares de las Lagunas del Barro Blanco y la vaguada de Piedrafincada. La veta, de unos cuatrocientos metros de ancho se extiende más allá de la nacional 122 y abarca todo el predio llamado de Los Barriales.

            Más hacia en sur, pasando las Lagunas de Las Barreras y yendo hacia el Camino de la Corza, también hay arcilla roja. Si desde aquí vamos hacia la Laguna de Barreras del Agua y continuamos por el Camino de Zamora, donde se encuentran las viñas, también abunda la arcilla, si bien ésta se va tornando amarillenta a medida que avanzamos hacia La Gebra. Sin embargo cabe la posibilidad de que por Vallarao y el Camino de San Sebastián haya más arcilla. Esto es solamente una indicación por si alguien quiere investigar.

 

V - EL MEDIO Y LOS UTENSILIOS

Primero hablaremos de los utensilios. La teja, como todo el mundo sabe es arqueada y más ancha por la parte de arriba que por la parte de abajo. Esto viene por la necesidad de que unas encajen dentro de otras. Hay un horma que se llama “gradilla” que tiene el espesor de una teja, entre ocho y diez milímetros y que es de forma similar a un polígono con dos lados paralelos, la parte estrecha y la parte ancha, y unidos ambos lados por dos líneas con unas agarraderas en la parte ancha. Bien esta horma se coloca en una “mesa de cortar”, en la cual existe un toldillo para albergar la ceniza o polvo que se echará debajo de la gradilla para que el barro no se pegue a la madera de la mesa. La misma mesa tiene una pileta en su lado derecho para mojar y lavar “el rasero”, elemento indispensable para allanar la horma de la gradilla por la parte de arriba para que la placa de teja sea de forma uniforme. El “cortador” una vez que ha rellenado la gradilla y ha pasado el rasero, empujará a un lateral de la mesa con las manecillas antedichas el conjunto de la placa para que sea recogida con el “galápago”, instrumento en forma de teja y a la cual le da forma y provisto de un mango. El “tendedor” recogerá la teja que ya ha tomado forma sobre el galápago y la “tenderá” en la “era”, un lugar debidamente allanado y algo humedecido en la medida que se va tendiendo. Posará la teja y, pasando la mano por el lomo y laterales de la misma, la dejará pegada al suelo. Cuando esto es así extrae el galápago y va a buscar otra para “tenderla pegada a la primera por uno de sus laterales. Donde comienza la hilera del tendido se pondrán unas piedrecitas para que cuando la teja se vaya secando no se “abra”. Entre cada ocho o diez tejas se abrirá un triángulo para evitar cerrarse en círculo. Aquí se utilizará un triángulo de madera como comienzo de soporte de cada pequeña hilera de arcadas.

            Tenemos que aclarar que cada “pilada” de barro daba para unas mil tejas y que esta era la jornada del cortador. Si la pilada era para ladrillos de horno, ladrillos de obra, ladrillos de panderete o para baldosas, que llevan más masa que una teja, la pilada se acababa, generalmente antes,

            Los ladrillos de obra se hacían de la misma manera que los adobes. Es decir se llenaba una horma con dos cavidades, cada una para un ladrillo que tenía unos agarraderos en la diagonal de la horma. Se pasaba el rasero y se sacaba la horma, ésta se lavaba y se recomenzaba la tarea de ahormar otros dos ladrillos. Es decir igual que cuando se hacen adobes, pero un poco más elegantemente.

            Para los ladrillos de panderete se solía utilizar la mesa de cortar y estos se “tendían” con una pala. A veces se hacían como los otros ladrillos si los hacía el maestro cortador.

            Las baldosas siempre se hacían en la mesa de cortar y eran tendidas con una especie de pala.

            Cuando se hacían “canalones”, que eran unas tejas de grandes dimensiones había que tener mucho cuidado al tenderlas por lo mucho que pesaban, pero el procedimiento era el mismo que para las tejas.

            Hemos de aclarar que una pilada llevaba, aproximadamente, unos ochocientos litros de agua. También hay que aclarar que cuando se tomaba el barro de la pila para suministrarlo al cortador, había que reamasarlo y limpiarlo de alguna impureza que pudiera tener, como una hierba o algún canto.


VI - EL SECADO Y OTROS TRABAJOS

            Las tejas cuando ya estaban en condiciones de poder ser levantadas y semisecas por arriba, se las “levantaba” y se ponían, como en abrazo, unas apoyándose en otras para que se les secara también el interior, pero como dos personas que están de pie y se abrazan.

            Los ladrillos de horno se hacían como los otros, salvo que la horma era para un solo ladrillo. La forma de estos ladrillos, a diferencia de los normales, es que tenían forma arqueada tanto en la parte exterior como en la interior y más anchos en la exterior que en la interior, por lo que al ser colocados van cerrándose en círculo y, a la vez, cerrándose en bóveda de tal manera que al final se construye una obra similar a un iglú que llaman “horno de amasar”.

            Las tejas, una vez secadas se metían en un almacén para se cocidas cuando conviniera. Los ladrillos tenían un proceso de desbarbado y de darles vuelta y vuelta para que se secasen por todos los costados. Las baldosas, al igual que las tejas, eran emparejadas para conseguir su completo secado que, digámoslo, en los tejares de Muelas del Pan, se hacía al sol.

            De la misma forma que las tejas los ladrillos, canalones y baldosas se guardaban en un almacén.

VII - CÓMO ERA EL HORNO DE COCER

            Han existido, según mi conocimiento sobre el tema, dos tipos de horno. Unos de forma glandiforme cuya cámara de cocienda era en su parte superior en forma de bellota y  en cuyo final había una chimenea y, en general los de forma de prisma rectangular. Los primeros han existido en Villasarracino, en la provincia de Palencia y existen en Arrabal de Portillo en Valladolid para el cocimiento de los cacharros de los alfareros. No obstante han sido utilizados también para cocer tejas y ladrillos como los ancianos de esos lugares reconocen.

            En Muelas del Pan todos, o en su mayor parte, han sido de forma de prisma. Tenemos todavía el ejemplo del horno del Tío Benito el rey en las Illerinas. Los hornos de los tejares eran todos en forma de prisma rectangular y yo he conocido cuatro. El del Tío Fabriciano, el del Tío Ferruje, el del Tío Pachaco y el de Manuela la Niña.

            No obstante esta forma de la cámara de cocción, el llar era el mismo para todos. Había  una cabidad que se correspondía con la forma de la cámara cocción, pero separada por varios arcos entre los cuales existían unas rejillas de ladrillos refractarios que permitían que el fuego subiera a la cámara. El material se colocaba en la cámara de cocción hasta llenarla y desde el llar se aplicaba el fuego. El llar estaba, generalmente por debajo del nivel del suelo y era abastecido con materiales para su alimentación, (leña, paja), desde una antesala que se llamaba “templadera”. En la templadera existían varios utensilios para extender de forma uniforme los elementos de ignición del llar como una especie de varal con una pala u otros tipos de varal de varios metros de longitud.
            Creo que, en estos momentos al menos, puede contemplarse el horno de Tío Fabriciano, aunque está medio en ruinas y debería de recuperarse porque podría ser el último testimonio.


VIII - ENCAÑAR

            Se llama ”encañar” al trabajo de colocar debidamente el material para su cocción, ya se trate de productos alfareros o de productos como tejas y ladrillos.

            Decíamos que encima del llar existe la cámara de cocción. Bien, en esta cámara se ira colocando el material, tejas, ladrillos, baldosas, canalones etc. Se suele comenzar colocando un par de capas de ladrillo. Su colocación se hará dejando un espacio entre ladrillo y ladrillo para que el fuego trepe por dicho hueco. Esto se comienza por un lado de la pared y se termina por el lado contrario. La siguiente “vuelta” se comenzará por la pared colateral de forma que las diversas capas de ladrillo estarán cruzadas entre sí. Encima de estas dos primeras capas se colocará las filas de tejas colocadas en forma vertical y comenzando por una de las paredes laterales hasta llegar a la pared contraria de la cámara con la parte ancha para arriba la primera fila. La siguiente fila se comenzara por donde acabó la primera, pero la parte ancha para abajo. Cada quince o vente tejas se colocarán algunas verticales, pero de costado de forma que se forme hueco y pueda subir el fuego. Después otra capa de ladrillos o baldosas, según la necesidad y después otra capa de tejas u otros materiales hasta llenar la cámara de cocción. Recordando, siempre, que hay que ir dejando agujeros para que el fuego vaya subiendo.

            A título de ejemplo diremos que en un horno de este tipo, concretamente en el del Tío Ferruje, cabían aproximadamente 10.000 piezas, 6.600 tejas y el resto de otros materiales. Los demás hornos eran similares.

 

IX - LA COCCIÓN

            La cocción de la teja consistía en aplicar una llama constante en el llar de forma que los materiales se fueran caldeando hasta conseguir que en toda la caja de cocción se consiguiera que el material allí expuesto alcanzase el rojo naranja. Una vez conseguido esto, se dejaría un pequeño respiradero en el llar para que comenzase a apagarse. Pero previamente, y para garantizar que todo el conjunto llegase a “cocerse”, era necesario que en la parte superior de la cámara de cocción se fuese tapando con barro aquellos lugares en que primero subía el fuego, de tal manera que se fuera desviando por el resto de los lugares hasta alcanzar la totalidad de la cámara.

            Había tres métodos para conseguir esto:

1) El “metodo Fabriciano” que consistía en aplicar, sin cesar, fuego en el llar hasta conseguir lo antedicho. El método “Fabriciano” no utilizaba ningún otro elemento auxiliar salvo la constante alimentación del llar a base de leña y paja. Esto daba como resultado el que los materiales estuviesen cocidos de forma uniforme en toda la cavidad de la cámara de cocción.

2) “Método Ferruje”. Por razones que se explicarán posteriormente, Pepe El Ferruje empleaba una forma diferente para la cocienda. Echaba carbón “de piedra”, es decir, hulla, entre los huecos por los que subía el fuego. Cuando éste llegaba arriba, de la misma forma que lo hacían los demás, iba tapando con barro para que la cámara se pusiera al “rojo vivo”. Cuando llegaba por todos los resquicios era el momento de parar y dejar un pequeño boquete en la entrada del llar para que comenzase a enfriarse de forma paulatina.

3) El método “Pachaco” era una mezcla entre el método Ferruje y método Fabriciano. Se echaba menos carbón y se mantenía más el llar, de tal forma que la cocienda resultaba bastante bien.

            De estos tres métodos resultaban varias consecuencias.

a) Los materiales según el método Fabriciano no resultaban excesivamente cocidos, pero si aptos, en términos generales, para ser utilizados en la construcción.

b) El método Pachaco daba como consecuencia una cocienda más “hierrificada”, pero bastante uniforme y, por supuesto apta, para su utilización.

c) El método Ferruje llevava consigo que las capas de la parte inferior de la caja de cocción solían ser aptas, pero no siempre. Las de la mitad aptísimas y las de la parte de arriba, a veces, estaban demasiado “hierrificadas” y algunas veces sufrían deformaciones por el exceso de caldeo debido al empleo de la hulla Parte de esos materiales servían para hacer calzos. Si de la parte inferior algunos materiales no alcanzaban la necesaria solidez en su cocimiento, se repetía su cocienda otra vez la en la siguiente hornada.

            LAS CAUSAS: el que hubiera estos tres métodos de cocienda se debía, fundamentalmente, a la capacidad de disponer de mano de obra suficiente. Fabriciano Luis, que era el nombre del “Tío Fabriciano”, disponía de muchos hijos que le ayudaban en estos menesteres. Quiero, solamente, nombrar a Juanito, Paco y Pilar, pero había otros más hasta ocho.

            José El Pachaco trabajaba en el tejar con su señora María, Manolo un hijo, y, en tiempos de cocienda, tenía otros ayudantes familiares por lo que podía mantener, sin cesar el llar durante las cuarenta y ocho horas.

            Pepe El Ferruje, cuyo nombre responde a José Pelayo, tenía que hacerlo él solo, con ayuda de su mujer y algún hijo menor, (yo), que por las fechas en que nos estamos refiriendo tendría los once a doce años. ¡No podía estar cuarenta y ocho horas sin dormir!, de ahí la necesidad de utilizar carbón y el problema de una cocienda que en ocasiones no resultaba uniforme.

 

X - TRES TIPOS DE TEJAS

            Como es natural, cada maestrillo tiene su librillo. Ya hemos dicho que la gradilla es la horma que hace la teja plana y que el galápago es el que le da la forma de la teja. Pues bien: cada tejero tenía una gradilla que no era igual, (aunque parecida), ni tenía un galápago igual.

A) Las tejas del Señor Fabriciano se caracterizaban por su arco en el lomo no del todo redondo, sino en forma algo picuda. Eran de un tipo medio en cuanto a sus dimensiones.

B) las tejas de José Pachaco eran bastante más pequeñas, pero de forma perfecta en su arqueamiento.

C) Las tejas de José Pelayo eran también perfectas en el tema del arqueado, pero las más grandes de todas.

 

XI - LA CLIENTELA

            Dependiendo de cada cual según sus inclinaciones y precios, se decidía a comprar por uno u otro tejar. Como el que más hornadas hacía era el Sr. Fabriciano, es evidente que era el que más vendía, pero, algunas veces, le quedaba stock que podía ir disipando durante el invierno. (Hacía entre ocho y diez hornadas). El Sr. José El Pachaco solía hacer de cuatro a seis hornadas y, normalmente las vendía en cada temporada. José Pelayo solía hacer entre cuatro y seis hornadas, (dependiendo de que tuviera criado o no), y las solía vender aún calientes. Los clientes de José Pelayo se centraban en Villalcampo, Cerezal de Aliste, El Campillo, Almendra y Valdeperdices. Esto no significa que los otros tejeros no vendieran allí ni Ferruje en Muelas, Almaraz y Villaseco.

            El material que se solía vender en todo tiempo era el de los ladrillos de horno, pues, en general, se compraban para reparar los hornos existentes, si es verdad que cuando se construía alguna casa nueva se solía dotar de horno. En estos hornos nuevos se empleaban unos trescientos ladrillos. Para las reparaciones bastaba con unos serones y unos pocos ladrillos.

            Hasta aquí el método completo que solían emplear los tejares de Muelas para la elaboración de los materiales antedichos. Al final añadiremos un dibujo de los diversos utensilios para tener una idea de cómo eran.

 

XII - LAS ÚLTIMAS RELACIONES ENTRE LOS TEJARES Y LA ALFARERÍA MOLEÑA

            Hay cantidad de trabajos escritos que se refieren a la alfarería moleña y sus características. Uno de estos últimos lo realizó Herminio Ramos, impulsor de la Feria de la Cerámica de Zamora y que se titula “Cerámicas Desaparecidas” entre las cuales se encuentra la de Muelas del Pan.

            En casi todas las obras se describe como último alfarero al “Tío Benito El Rey”. Cabe la posibilidad de que fuera el último alfarero importante. Pero no fue el último. Cuando el Tío Benito El Rey jugaba la partida en el Bar de Rafael y ya no se dedicaba al tema de los cacharros, había una señora, llamada Manuela, y abuela de José Rapado Pedrón, que todavía hacía cacharros, (generalmente pucheros, cazuelas y tapaderas). Esta señora utilizaba un torno clásico en la zona, una especie de mesa redonda que giraba sobre un eje de madera; tenía cuatro soportes entre la parte de arriba y la parte de abajo. Hacía girar con las manos dicho torno, se arrodillaba y moldeaba las formas mientras se mantenía la velocidad, de vez en cuando hacía girar el torno con una mano mientras con la otra seguía dando forma a las piezas. Era un trabajo harto agotador. Su alfar lo tenía cerca de la casa de mi abuelo Anselmo.

            En los últimos años la señora Manuela ya no podía cocer sus cacharros y tapaderas. De ahí que buscase la colaboración de algún tejar. En este caso el tejar del Tío Ferruje. Yo mismo iba a buscar sus piezas cuando las tenía preparadas y bien secas a lomos de una yegua negra y unos serones donde transportaba el material.

            Siempre se hacía un hueco en el horno de Pepe para poder cocer los cacharros de la señora Manuela. Una vez cocidos, y utilizando el mismo medio de transporte, se le devolvían a la última alfarera de Muelas del Pan ya dispuestos para su venta.

            He querido reseñar este hecho, pues sería injusto olvidar a quien se mantuvo hasta el final y que no lo hubiera dejado si la edad no la hubiera obligado. Ella jamás se jubiló, fueron los años los que la obligaron a jubilarse, no Los Saltos. Amaba sus cazuelas, sus pucheros y sus tapaderas como algo suyo y ponía todo el empeño en hacer una obra de arte de cada pieza.

 

XIII - SITUACIÓN GEOGRÁFICA DE LOS TEJARES   

            Hemos dicho que se habla aquí de cinco tejares: El primero, el de “La Torre”, se encontraba entre las Lagunas de las Barreras y las Lagunas del Barro Blanco, junto a la torre más próxima que existe junto a la actual escombrera muy cerca de la peña donde comienzan las lagunas de Las Barreras. Todavía se ven reminiscencias de materiales cocidos. Seguimos hacia los palomares del Secretario y del Tío Porra por el camino que separa éstas de las del Barro Blanco y giramos por delante del último palomar referido siguiendo la pared de las fincas. Encontraremos el Tejar del Tío Niño, regentado, años ha, por Fabriciano y Manuela La Niña. Hoy en su mayor parte son sólo perceptibles ruinas y abandono en lo referente al tejar. Surgiendo la pared, y sin que haya separación, viene la parcela del Tejar de Los Pachacos, al comienzo hay una caseta y un caminillo que se adentra en la finca hasta los tendederos y el horno. No sé en que condiciones se encuentra en la actualidad. Siguiendo hacia Piedrafincada encontraremos alguna construcción a unos ciento cincuenta metros más adelante. Allí se asentaba el Tejar de Ferruje. Hoy su Templadera parece haber sido convertida en una bodega para usos particulares con lo que se habrá destruido un testimonio histórico. Seguimos hasta pasar el acceso a Muelas del Pan desde la la carretera nacional 122 y tomamos la carretera de Almendra del Pan. A pocos metros de allí y a la derecha, se encuentra el Tejar del Tío Fabriciano. Su horno queda todavía ahí, lleno de zarzas y las construcciones adyacentes en estado de ruina. Es el último testimonio visible de los cinco tejares.

 

XIV - SUPERVIVENCIA DE LA LEY DEL TRUEQUE

            En términos generales la gente pagaba en dinero constante y sonante, es decir, en pesetas. Pero más de una vez había quien pagaba en especias, especialmente en paja, otras veces en cargas de jaras, (generalmente la gente de Villaflor de Alba). La cantidad de tejas o ladrillos a cambio de paja estaba en función de la cantidad de paja que transportase el carro, bien por la capacidad del mismo y por el “encalque”, que no solía ser el mismo en cada circunstancia. Por ejemplo, un carro de Valdeperdices tirado por bueyes y con redes que llegaban hasta el suelo, solía recibir más de cien tejas. Un mismo carro de Villalcampo, con redes más pequeñas o con teleras laterales y pequeñas redes adelante y a tras, no recibía más de setenta tejas. Por una carga de leña de un burro de Villaflor de Alba, desde luego muy pocas. Otros pueblos como El Campillo, Almendra del Pan, Villaseco del Pan, Almaraz de Duero y Cerezal de Aliste también se apuntaban,  circunstancialmente, a pagar con paja.

            Todo este material servía para cocer. La paja sobrante se solía vender y llevar en camiones a la papelera de Valladolid.

 

XV - OTROS TEJARES EN LAS CERCANÍAS

Por los años 1950-1957, existían otros pueblos en la provincia de Zamora donde había tejares. Dentro de nuestra comarca podemos citar el del Sr. Manuel en Villaseco del Pan. Había otros en Arcillera y en Ceadea de Aliste. Al otro lado del río Duero existían los de El Perdigón, Entrala y Corrales del Vino. Otros muchos se diseminaban por el resto de la provincia.

 

[Continuará…]

 

Autor: Luis Pelayo Fernández



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